Un libro para pasar el invierno y hacerse más fuerte

—¿Ha visto usted que el sol se niega a salir? Si no fuera por sus hermosas flores y por la agradable música que sale de la casita, no sé cómo pasaríamos el invierno… —dijo el gorrión mientras devoraba los restos de una galleta dulce esparcida en la vereda.

El pequeño duende asintió satisfecho, complacido frente a su geranio repleto de flores carmesí.


˚⊱𖥸⊰˚


Caminaba con mi paraguas bajo la tenue lluvia, a la salida de unos chequeos médicos y pensaba en los pocos días soleados que nos había regalado este otoño. Quería llegar, prepararme el mate y sumergirme en mi nuevo libro: El amor llega suavemente, de Janette Oke.

Me pregunté ¿Cómo harían aquellas mujeres pioneras del lejano oeste para sobrellevar los duros inviernos? Enseguida me di cuenta de que ellas sabían cómo apechugar las vicisitudes de la vida; con la frente alta y un corazón que se permitía ser vulnerable y maternal. Ningún clima, por más crudo que fuera, sería capaz de helarlo o de convertirlo en una piedra más de las que moldeaban las imponentes montañas. Anhelaba ser así, igual que una rosa silvestre, delicada y fuerte a la vez.


Una mano con abrigo marrón sostiene el libro abierto El amor llega suavemente, mostrando el inicio de un capítulo, junto a un mate amargo sobre un piso de piedra iluminado por el sol.


Me sentí afortunada por disfrutar de las comodidades de la vida moderna y me propuse dejar de quejarme por cosas sin sentido. Una nueva semana iniciaba con esperanzas renovadas y un sol que pujaba por salir. En la cocina, el delantal que compramos en la feria local alegraba la vista con su pintoresco estampado de limones. Esto me inspiró. Pensé que una buena forma de pasar el invierno sería hacer algo útil con las manos. Así que fui directo a mi mueble por la lana en tonos gris azulado, idéntica al color de la tela con la que Marty, la protagonista, planeaba coser su vestido. Fantaseaba con hacerme un chalequito cruzado, de esos que se atan con un lazo.


El libro de Janette Oke apoyado sobre un abrigo tejido a mano de lana gris oscuro con una pequeña flor de geranio carmesí encima, sobre un suelo de piedra.


Ayer me pegué a la ventana para sentir el solcito. El invierno está aquí y las cosas marchan bien, mejor de lo que esperaba. Mis proyectos, la casa, también empecé a visitar más la iglesia, a salir más a caminar, tejer… La verdad es que hacerse fuerte a veces cansa, pero son estas pequeñas recompensas las que te alientan y te dicen que vas por buen camino.

Si hay algo que descubrí de la mano de esta historia, es que los libros pueden ayudarnos, y mucho. Sobre todo los que, como este, te inspiran a ser una mejor persona.


"La vida era como esa corriente. Iba a seguir, pasara lo que pasara. Ella también estaba lista para continuar. Había sacado fuerzas del bosque. No, eso no. Ella había sacado fuerzas del Dios que había hecho los bosques." 
— Janette Oke, El amor llega suavemente


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Un cariño y hasta la próxima, Ale.♡




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